El programa expositivo integra parte de los testimonios arquitectónicos más antiguos del complejo conservero, constituidos por un antiguo almacén de sal del siglo XVIII, dos fábricas de salazón de mediados del siglo XIX y una conservera de finales del mismo siglo.
La peculiaridad de este museo radica, además, en el hecho de que el edificio de la antigua conservera, la colección y el propio museo forman una unidad inseparable. Tanto los edificios como parte de sus colecciones pasaron de pertenecer al sector productivo a constituirse como patrimonio cultural. El museo fue creciendo dentro de la propia fábrica. Este proceso, que iniciaron los hermanos Massó en 1928, culmina con la inauguración y apertura, en julio de 2025, de los nuevos espacios restaurados de la antigua fábrica para integrarlos en el museo.